Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

lunes, mayo 21

Fe y religiosidad

El dios de los caballos tiene cuatro patas y un rabo, diría Platón; pero, como todo el mundo probablemente sabe, los caballos no rezan, aunque a veces están tan inmóviles y pensativos que a alguno le ha entrado la duda: ¿duermen con los ojos abiertos o blasfeman? Más allá de la fácil ironía –hoy posible gracias a la desaparición de la Inquisición, pues de otra manera se correría el riesgo de acabar en la hoguera– hay que darse cuenta de que la modernidad, nacida del iluminismo, ha entrado en crisis y, con ella, también su programa antirreligioso.

De hecho, se da un resurgir de cultos, entre derivados espiritualistas del cristianismo y cultos chamánicos, mientras el Papa adquiere una proyección mundial, más política que religiosa, que haría palidecer a sus predecesores.

Pero todo esto parece tener que ver con Europa y sus países derivados, sobre todo América Latina, el continente más católico del mundo, y los Estados Unidos, donde los movimientos evangélicos integristas y tradicionalistas de origen cristiano han conseguido un presidente que los apoya y fomenta explícitamente. Si metemos en el mismo saco a toda esta gente, se podría llegar al treinta por ciento de la población mundial que, con el veinte por ciento de musulmanes, y el dos por ciento de judíos, constituyen por lo menos el cincuenta por ciento de una población mundial cuyas creencias derivan de la mitología mediterránea judaica, conformando las “religiones del libro”, es decir, la existencia en los tres casos de textos sagrados relacionados entre sí, que relatan su verdad absoluta, el meollo de las cosas y de la Historia. El valor de estos textos, revivido periódicamente en los ritos, derivaría directamente del único dios verdadero a través de canales espirituales.

En cualquier caso, no hay que caer en la trampa de los números globales, que generalizan tanto que se acaba por no distinguir entre etiquetas genéricas y creencias profundas, y tampoco se reflexiona mucho sobre el hecho de que el paraíso consumista que Occidente impone al mundo ha terminado por frivolizar los universos simbólicos tradicionales, sustituyéndolos por mitologías materialistas ligadas al acceso a los bienes superfluos que proporcionan estatus.

En cualquier caso, queda la otra mitad del mundo que no es cristiana, pero que no se sabe bien qué es, como reconoce el informe de 2015 del Pew Research Center, aparte, claro, del siete por ciento budista. Sin duda, se puede ir a preguntar a los interesados directos, cosa que desde hace doscientos años vienen haciendo los antropólogos occidentales; pero el problema no solo reside en la descodificación de las respuestas, sino sobre todo en la pregunta que se formula o con qué ojos se mira. De hecho, estamos convencidos –y no somos los únicos– de que la “pregunta” sobre la “religión” del prójimo no occidental está viciada en sí misma: se buscaban solamente las cosas conocidas y no las completamente diferentes, y como se daba por descontado la universalidad de la religión, concepción derivada precisamente del cristianismo, eso era lo que se buscaba, sin darse cuenta de que de ese modo se acababa colonizando el imaginario de pueblos que nunca habían pensado que eran… ¡religiosos!
Con el fin de no caer en reacciones descompuestas, es mejor aclarar que no estoy negando –al menos por ahora– que los humanos en general puedan tener una vida “espiritual”, pero sí creo que la definición que usaban los antropólogos del siglo XIX, y que ha determinado a los investigadores del siglo XX, tenía que ver con una idea de religión derivada fuertemente de la experiencia occidental, es decir de la cristiana: un sistema de creencias, derivadas del libro sagrado revelado por Dios, con una estructura centralizada en forma de Iglesia. Por eso, juntando la idea de la universalidad de la actitud religiosa con la experiencia histórica, se acaba por llegar a la conclusión de que los pueblos no occidentales eran religiosos, sí, pero en un estadio primitivo o, en cualquier caso, menos desarrollado que en Occidente. En este sentido, es ilustrativa la reacción de los españoles cuando llegaron a México y descubrieron asombrados que los nativos tenían también templos, a los que inmediatamente llamaron “mezquitas” y no iglesias. Los otros eran todavía salvajes y, como escribió Colón cuando llegó al Caribe: “No veo que tengan religión y pronto se les podrá convertir”. Esta idea evolucionista de la religión, coherente con las corrientes de pensamiento de la época, impulsó, por ejemplo, al filósofo francés Durkheim a hablar de “formas elementales de la vida religiosa” para el caso de los indígenas australianos.

Mientras, con mayor presunción cristiana, en época fascista, el italiano Pettazzoni creía haber demostrado ¡que todos los pueblos eran monoteístas! Persino Di Martino, estudiando la magia lucana, llegó a la conclusión de que entre los ritos mágicos y la misa cristiana no había diferencias más que en el grado de complejidad, y seguramente tenía razón, no en el sentido de que la magia fuese una religión simplificada sino en que los rituales cristianos fueran de tipo mágico.

En tiempos más cercanos, una antropología más crítica ha acabado por superar en parte las viejas definiciones, concluyendo que por religión se debe entender un sistema de creencias, en cualquier forma que se manifiesten. En cualquier caso, el problema permanece abierto, sobre todo si consideramos que hablar de sistema lleva a pensar en algo unificado y coherente, cuando esto no siempre es así, y todo grupo local elabora a su manera las ideas generales que la Historia ha producido en todo pueblo. Para comprobar a qué nos referimos, hay que aclarar que es evidente que para producir cultura en sentido antropológico, toda sociedad se formula preguntas y busca respuestas, y estas preguntas no se dirigen solo al mundo material sino que cuestionan también el inmaterial. Llamar “espiritual” a esta segunda búsqueda es caer una vez más en la trampa de las ideas occidentales, sin duda respetables pero no universales.

La actitud en la búsqueda en el mundo inmaterial o, por lo menos, no completamente visible a nuestros ojos, puede ser de varios tipos, incluyendo –como decía Borges– los sueños, como es evidente en Freud. En cualquier caso, podremos simplificar diciendo que cada pueblo, aunque en grado diferente, hace experimentos para comprender la realidad, pero produce también una mitología para explicar el mundo, un pensamiento filosófico que, en algunos casos, se hace presente en los ritos. En este caso, a menudo se utiliza la palabra “fe” para explicar la actitud: se cree en una explicación, aunque no se tenga la demostración material. Aquí se abre un abanico de posibilidades muy amplio: por la fe creo en un dios creador o que todo árbol tiene un espíritu tutelar; creo en los ángeles custodios o que antes o después me saldrá el número premiado de lotería… Dado un lenguaje y un sistema de creencia ideológica, tanto religioso como político, se procede a buscar signos materiales del valor de cada uno de ellos, y no por impulso genético o innato sino para intentar encontrar un significado ante la complejidad del mundo, temerosos en el fondo de que no exista ese sentido y debamos ser nosotros mismos los que tengamos que dárselo, y no de manera individual sino en comunidad con los demás, con condiciones y esperanza.

Si, como dice el mito cristiano, “al principio era la palabra”, entonces la religión es solo un modo, a veces dramático y violento, de decir las cosas del mundo: seguramente se trata solo de una enfermedad de la lengua.


Emanuele Amodio
Publicado en el Periódico Anarquista Tierra y Libertad, Abril de 2018

viernes, mayo 18

La FAI y los cincopuntistas

En el año 1965, forzado el régimen franquista a renunciar a su dogmático ideario fascista, no tuvo el general Franco y sus secuaces otra opción que apartar a los sectores más falangistas, que fueron progresivamente sustituidos por los tecnócratas vinculados al Opus Dei. Los falangistas, arrinconados en el sindicato vertical, quisieron utilizar a la CNT para reverdecer su revolución nacional-sindicalista y atraerse a una clase obrera que cada vez les repudiaba con más claridad. Apenas un puñado de viejos cenetistas apoyaron ese pacto entre la CNT y la CNS, resumido en cinco puntos y de de ahí el nombre de cincopuntistas; contra ellos se manifestó la práctica totalidad de los anarquistas del interior y del exilio. Ofrecemos el documento elaborado por la Federación Anarquista Ibérica:

 Desde hace varios meses teníamos conocimiento de una vasta maniobra del franquismo, dirigida a dar otro golpe a las Organizaciones Obrera que hoy como ayer aún son polo de atracción para los trabajadores, que están ya cansados de sufrir la explotación patronal y la “sindical”, su complemento. Lo que nunca podíamos creer es que hubiese sedicentes militantes de estas organizaciones –destruidas como tales por el régimen, pero vivas siempre en la conciencia de los trabajadores- que se prestasen a ese juego con el régimen franquista que padecemos (y que) piensa apuntalarse, legitimarse e ir tirando unos años más.

Menos podíamos suponer que entre esos sedicentes militantes se contasen antiguos militantes de la CNT; que hombres que se han llamado, y aún continúan llamándose “sindicalistas libertarios”, se prestasen a tal monstruoso engendro, del que sólo pueden salir dos cosas: fortalecido el régimen, renacida la CNS y desacreditados para siempre los hombres y las organizaciones que osen pactar con el franquismo y los franquistas.

Desgraciadamente, esto que nos resistimos a creer se ha producido. Circulan de pueblo en pueblo los documentos que los prueban y está en manos a la obra la Ponencia designada para elaborar las condiciones del compromiso y los estatutos de la criatura que esperan saldrá de acoplamiento tan contra-natura.

La Federación Anarquista Ibérica tiene que decir, con la potestad que le dan sus años de lucha y su heroica oposición al fascismo, que jamás, por ningún concepto, bajo ninguna excusa, por ningún precio, aceptará tal maniobra. Que condena y considera traidores a la causa de la libertad, a los hombres que a tal tarea se prestan, sin que para ello haya hoy disculpa alguna que atenúe su traición.

La FAI sabe que es un juego del enemigo y lo denuncia ante el pueblo. Juego que se hace con el consentimiento del propio Caudillo y con la aceptación tácita de las fuerzas que constituyen el andamiaje del régimen, con el que pretenden dar apariencia de renovación a los sindicatos verticales, al obtener la caución de un grupo de hombres… vencidos o vendidos.

La FAI declara y advierte que semejante tentativa no pasará. Que se opondrá con todas sus fuerzas, porque no es más que una fase de intento gironista tendente a hundir en el descrédito y en el ludibrio al antifascismo español, cuya más alta y consciente expresión ha sido la Confederación Nacional del Trabajo.

La FAI recerca a todos (que) por eso, por no aceptar tan infame papel fue asesinado el compañero Peiró, al que le planteó el dilema de: colaborar o morir.

No pedimos que todos los hombres tengan la misma entereza y el valor de Peiró y de muchos como él que prefirieron morir antes que traicionar, pero si decimos que nada podrá justificar lo que se está fraguando, por carácter individual que se le quiera dar. No hay más que una realidad; un grupo se ha puesto de acuerdo para terminar con la CNT –como si la CNT se le pudiera liquidar- a cambio de una promesas, ventajas y sinecuras.

No se dan cuenta estos hombres que el fascismo no puede prometer nada a la clase trabajadora, no se dan cuenta que se han convertido en instrumentos estúpidos de una audaz maniobra.

Lo que pretendían ciertos intereses extranjeros: anular la CNT y la UGT fundiéndola en otra central amorfa, para así orientar otro sindicalismo cristiano, para asegurarnos fácilmente un régimen político semejante al, por ejemplo, de Alemania, el franquismo quiere hacerlo por su cuenta, y como anillo al dedo le ha venido la “oferta” hecha al Instituto de Estudios Sindicales (de Franco, claro está) por ese grupo de desgraciados que, creyéndose más astutos que Maquiavelo, lo que hacen es vender su conciencia –y si puede ser con ella a la CNT- por un plato de lentejas.

La FAI se yergue contra tal maniobra, se yerguen también los grupos clandestinos de la CNT, es decir se yergue la CNT, y con ella la Clase Trabajadora, que está y estará siempre a su lado.

Sabemos lo que arriesgamos antes los sicarios al formular esta denuncia pública y fijar nuestra posición, pero nada nos arredra. Sabemos también que al hacerlo en nombre de todos los anarquistas, expresamos la opinión de todos los hombres condenados al silencio.

Frente pues a todos los contubernios, maniobras, dejaciones e indignidades, está la federación anarquista, la FAL, y afirma que es, ha sido y será indefectiblemente leal a los intereses del pueblo y del antifascismo. Nada de común tenemos con el fascismo. Que nos separan ríos de sangre humana. Que nada puede esperarse del franquismo y que es deber de todos no prestar caución moral al régimen, no admitir juego alguno para salvar la dictadura. Ni muertos ni vivos nos perdonarían.

Nada del franquismo puede ser salvado, ni hombres ni organizaciones. Nada debe salvarse. La Falange menos que nada, sus grupos de “oposición” tampoco.

Aparato exterior del despotismo y oligarquía militar, clerical y capitalista, el franquismo en todas sus manifestaciones se hundirá con las castas que lo crearon. No, la CNT no está detrás de esos Judas que osan hablar en su nombre.

La FAI puede afirmarlo, como puede declarar que ambas organizaciones continúan estrechamente unidas y continuarán luchando hasta la desaparición de la opresión de la península, hasta que caigan los tiranos que han ensangrentado su suelo de Norte a Sur, de Este a Oeste; hasta el aniquilamiento de todas las fuerzas maléficas que engendraron el fascismo y que hoy aparecen dispuestas a un cambio de forma, con el solo objeto de que nada cambie en el fondo de (esta) corrupta y cruel sociedad. ¡Muera el fascismo! ¡Fuera maniobras y pactos con él!

¡Hay que acabar con todo cuanto ha hecho de nuestro pueblo el estado de miseria, de esclavitud y de vergüenza en que se encuentra!
La FAI fija su atención y su actitud clara y concreta, sin vacilación, sin equívocos y sin claudicaciones, denunciando ante la opinión pública, y sobre todo ante la opinión obrera, a los que pretenden manchar la limpia, heroica y consciente trayectoria del antifascismo con pactos y ofertas que son escarnio y traición.


Federación Anarquista Ibérica (Comité Peninsular).
España, setiembre 1965

Imagen: Entrevista a cincopuntistas, Índice, Barcelona, enero de 1965 (Archivo La Alcarria Obrera)

martes, mayo 15

Yo acuso


Yo acuso al presidente y a sus ministros de masturbar los financieros de los amos.
Yo acuso a los sindicatos de ser perros falderos, les acuso de dilatar las protestas en el tiempo, les acuso de querer convertir los gritos en susurros, la pobreza en una cifra, la protesta en un desfile de becerros.
Yo acuso a los periodistas de limpiar con sus lenguas bífidas la ponzoña de su desvergüenza.
Yo acuso a los intelectuales, artistas, escritores, de mirar para otro lado mientras intereses besan las manos flojas de los tiranos.
Yo acuso a los empresarios, mafiosos y codiciosos, que compran carne humana y la destrozan en las fábricas, en los andamios, en el paro.
Yo acuso a los banqueros de ladrones, traficantes, blanqueadores de sangre.
Yo acuso a los ejércitos, sicarios con nómina de una sola bandera, de esparcir masacres por unas monedas.
Yo acuso a las multinacionales del dolor de convertir la salud en mercadería y a los enfermos en adictos a sus píldoras y a los empobrecidos en gentes sin cura posible.
Yo acuso a los curas y monaguillos de perpetuar la gran farsa, de instigar a la resignación para sentarse mientras tanto a la derecha del terror.
Yo acuso a los jueces, a los fiscales, a los tribunales, que torturan la justicia hasta dejarla moribunda.
Yo acuso a todos, les acuso con estas manos pequeñas, les señalo con estos dedos de poeta, en estos versos atrapados por la rabia.
Les acuso de tantas cosas que no me alcanzan las palabras, les acuso de cada uno de los desahucios, de cada uno de los saqueos.
Les acuso de la miseria, de las pestes, de las corrupciones, de los terrorismos oficiales, de las demencias, de las picanas, les acuso de repartir miedo e indiferencia, les acuso de la mano dura, de la complicidad de sus silencios, de la manipulación, de la represión, de vender realidades ficticias, de crear la industria de la violencia, les acuso de esterilizar las utopías, de inventar coartadas, les acuso de intentar barrer las calles de alegría, de intentar violar todos los sueños, de vivir por y para el crimen.
Les acuso sí, les acuso con mis versos, les digo a todos los bandidos que aquí estamos, con el pecho al descubierto, aquí estamos, clavados en la tierra,
Aquí estamos, apresurando el paso,
camino de un mañana sin tinieblas.
Aquí estamos, sin callarnos,
con nuestras vísceras ardientes,
con nuestros temblores controlados,
con nuestro pulso desordenado.
Aquí estamos
con el corazón atento,
aguardando el momento.
Aquí estamos.



Silvia Delgado. En Muturreko Ahotsak. Voces del Extremo. Loturaren Poesia / Poesía del Vínculo. Amargord Ed. 2017

sábado, mayo 12

La dictadura de lo políticamente correcto


Las convenciones sociales son un elemento inherente al ser humano, pues estas surgen con él. Son una construcción social en la medida en que forman parte de la cultura. De hecho constituyen una parte importante de la cultura debido a que moldean la cotidianidad de las personas que viven en una determinada sociedad. Estas convenciones las componen las costumbres, los códigos de conducta, los usos establecidos, las reglas, etc. Digamos que las convenciones sociales constituyen las formas específicas de una sociedad, y más concretamente las formas del comportamiento de sus integrantes. Estas convenciones varían de una sociedad a otra y tampoco permanecen inmutables, sino que cambian a lo largo del tiempo. Por esta razón lo que es considerado socialmente aceptable en una sociedad no lo es en otra, y lo mismo ocurre a lo largo de diferentes épocas dentro de una misma sociedad.

Las sociedades son como los individuos, cambian a lo largo del tiempo como consecuencia de sus diferentes experiencias. Y con ese cambio también son modificadas las convenciones sociales que forman parte de la cultura que diferencia a esa sociedad, lo que indudablemente afecta a su identidad. Un individuo en su madurez es muy distinto de cuando era un niño o un adolescente. Ciertamente en un sentido muy literal estamos ante el mismo sujeto sólo que considerado en diferentes momentos. Son los cambios que el individuo experimenta a lo largo de su vida los que le transforman y le convierten con el paso del tiempo en otra persona. Estos cambios le moldean y pese a que siga siendo Juan o María no es, en definitiva, el mismo Juan o la misma María de hace 10 ó 40 años. Lo mismo ocurre con las sociedades.

Así pues, las sociedades primarias se caracterizan por no tener mucha cultura en tanto en cuanto las convenciones sociales que organizan su vida son limitadas. Su escasa complejidad hace que la cultura tenga un papel limitado mientras el individuo se encuentra en un estado de naturaleza. En este tipo de sociedad las necesidades son limitadas al circunscribirse fundamentalmente al mantenimiento y reproducción de la vida, de manera que las convenciones sociales existentes además de ser escasas están adaptadas a esas necesidades y al mantenimiento de las formas a través de las que esa sociedad las satisface. En este tipo de sociedades uno es dueño de todo y nadie es dueño de nada, de lo que se deducen una serie de relaciones no mediadas por el dinero ni sometidas a coacción alguna que, sin embargo, facilitan la satisfacción de las necesidades humanas, tanto materiales como inmateriales. Pero el proceso de civilización imprime en este tipo de sociedades unos cambios drásticos que las alteran completamente, y esto se refleja claramente en el terreno de la cultura y más específicamente en el de las convenciones sociales.

Ciertamente la civilización corrompe. El paso de una sociedad primaria, relativamente simple, a una sociedad compleja en el marco del estadio de desarrollo histórico que representa la civilización conlleva, a su vez, unas profundas transformaciones en todos los ámbitos de la vida humana, pero de manera muy particular en el de la cultura. La complejidad social, derivada en gran parte de la existencia de clases sociales en las que determinados grupos llevan una vida ociosa a costa del trabajo ajeno, genera unas condiciones de creciente heterogeneidad social para satisfacer las también crecientes necesidades del sistema de dominación que la articula. La división del trabajo y la excesiva especialización conlleva la aparición de una gran diversidad de grupos sociales, hasta el punto de que la cultura se convierte en una cuestión exclusiva de ciertos grupos que se dedican a ella de manera profesional y deja de ser así una creación popular para convertirse en el monopolio de unos pocos.
En el marco de la civilización la cultura desempeña una función específica dirigida a conseguir varios objetivos complementarios. Uno de estos es el consentimiento de la población al orden constituido, de manera que la mentalidad de la sociedad es moldeada de tal forma que vea como aceptable el sistema de dominación que la gobierna. La otra gran función de la cultura es el control de la población mediante la imposición de unas convenciones sociales que adaptan el comportamiento de las personas a las exigencias del poder establecido. Como consecuencia de esto último en las sociedades civilizadas la cultura se ha convertido en una industria de consumo para las masas, pero sobre todo en un artefacto para controlar a la población en la medida en que se da un exceso de cultura, entendido esto como un exceso de convenciones sociales que coartan la libertad de las personas y las someten a unos cánones impuestos por el poder.

La cultura deviene en un elemento de alienación que deshumaniza a las personas al estar más pendientes de satisfacer unas determinadas convenciones sociales, y por ello unas expectativas sociales culturalmente determinadas, que no en satisfacer sus propias necesidades. El comportamiento, entonces, es orientado según las exigencias del poder cultural que domina la sociedad y que la adapta a las necesidades del sistema de dominación. El resultado de todo esto es la deshumanización a través de la generalización de la hipocresía, pues las personas actúan de un determinado modo para cumplir con unos códigos de conducta, unas reglas, unas expectativas, etc., que constituyen lo que hoy se conoce como lo políticamente correcto. Se trata de una forma de coerción desarrollada por la cultura, y sobre todo por un exceso de cultura debido a que esta ya no ocupa una esfera limitada sino que se ha vuelto omnipresente para organizar el comportamiento humano de una forma total.

Las convenciones sociales, en el contexto histórico que representa la civilización, se convierten en un instrumento por medio del que las personas ocultan sus verdaderas intenciones. La dictadura de lo políticamente correcto que genera el exceso de cultura, junto al elevado peso de las convenciones sociales, hace que la imagen pública que las personas proyectan de sí mismas sea, por el contrario, muy diferente de la real. La persona actúa del modo en el que lo hace no por convicción interior, sino que por el contrario la mayoría de las ocasiones lo hace para evitar romper las convenciones imperantes y con ello eludir las consecuencias que ello provocaría, como es el rechazo, la crítica, la estigmatización, etc. La hipocresía se normaliza, y con ella la falta de sinceridad y la deshonestidad se generalizan. A todo esto le sigue la sospecha y la desconfianza entre las personas que en su hipocresía no toman en serio el comportamiento ajeno, y que por ello lo consideran un fingimiento. De este modo comprobamos que la civilización, con sus convenciones, ahoga la libertad y tiraniza a las personas que se ven obligadas a satisfacer unas exigencias culturales, generalmente impuestas, en detrimento de su integridad moral y de la satisfacción de sus propias necesidades. El individuo, y la sociedad misma, es sacrificado por las convenciones.

El peso de las convenciones sociales aplasta al individuo y a la comunidad al arrebatarles la libertad. Es el precio de la civilización que da más importancia a una serie de apariencias, de formas y refinamientos, que van en claro perjuicio de cuestiones más importantes que afectan a la dimensión específicamente humana de las personas como es la honestidad, la sinceridad, la espontaneidad, etc. Si las formas que son inherentes a esas convenciones tienen tanta importancia es porque son una herramienta de control que adapta a las personas y al conjunto de la sociedad a las necesidades, definidas en términos de poder, del sistema de dominación y de su elite dirigente. Pero además de esto generan un problema de fondo que afecta de lleno a la convivencia, pues el sentido asignado a determinados comportamientos, usos, reglas, etc., cambia completamente cuando no son tomados en serio, lo que da lugar a que el significado que oficialmente tienen asignado en la sociedad difiera del que finalmente reciben cuando son aplicados por los individuos. Esto genera incomunicación, incomprensión y desencuentro en las relaciones personales, de manera que la cohesión social se ve resentida.

La civilización quita más de lo que da a cambio. Ciertas mejoras materiales y comodidades se pagan a un precio muy alto que es la pérdida de la libertad, la alienación y la deshumanización. No sin razón Julio Camba, en su etapa anarquista, abogó por un ser humano en un estado natural, ajeno a los condicionamientos de la civilización. La civilización lo que hace es domesticar al ser humano, pues no sólo somete su entendimiento mediante el adoctrinamiento, sino que sobre todo reprime su instinto de rebeldía y sus ansias de libertad al generar en este una visión fatalista de su existencia. Es por eso que Julio Camba se mostró favorable a desandar ese camino a la civilización para recuperar el instinto de libertad propio de las sociedades primitivas.[1]

Una sociedad libre, por necesidad, es una sociedad en la que la cultura ocupa una esfera limitada, y que por ello mismo sus integrantes disponen de una amplia autonomía al no verse sometidos al peso de unas convenciones sociales excesivas. No se trata, entonces, de eliminar por completo las convenciones sociales, pues estas son inseparables del ser humano. Sino más bien de limitarlas en lo posible para que no sean las personas las que estén a su servicio sino, por el contrario, que dichas convenciones estén al servicio de las personas para facilitar la satisfacción de sus necesidades humanas, tanto materiales como inmateriales. De lo contrario sólo estaríamos reproduciendo una nueva dictadura de lo políticamente correcto bajo unas formas distintas. Se trata, en definitiva, de recuperar la libertad pero sobre todo de conservarla y engrandecerla, lo que únicamente es posible si la espontaneidad y la autenticidad son la sintonía general de las relaciones que establecen los miembros de una comunidad.


Esteban Vidal
Nota:
[1] Camba, Julio, “Seamos bárbaros” en El Rebelde Nº 11, 5 de marzo de 1904

miércoles, mayo 9

La filosofía, con horizonte ilimitado


 Todo es movimiento en la vida, flujo y reflujo, y deberíamos rechazar las tramposas falacias de los los "lugares de placidez"; Albert Camus dijo: "pese a todo, hay que imaginar a un Sísifo feliz, su recompensa no está en culminar la meta, sino en el propio esfuerzo desplegado para caminar hacia una meta que sabe inalcanzable".

Deberíamos tener presente, de manera constante y no necesariamente con un "programa" apriorístico, ese "proyecto revolucionario" (por llamarlo de algún modo) que implica una mejora constante en nuestras vidas y que se muestra en permanente tensión ante lo instituido del mundo sociopolítico y ante las certezas de todo pensamiento. Es el anarquismo, en su perfecta síntesis entre sus orígenes modernos y su futuro posmoderno, el movimiento que mejor asume la falta de asideros de esta época. Porque esa, en principio, falta de seguridad y estado de confusión permanente que supone la posmodernidad parece anular los postulados de la modernidad. Sin embargo, todos somos herederos de aquella época y de sus pretensiones. Seguimos observando tremendos desastres en el mundo, debidos especialmente a la dominación política, y la falta de un terreno firme donde desenvolvernos puede ser motivo para la esperanza.

Me explico, los anarquistas han sido, casi con seguridad, los que más han insistido en ese movimiento presente en todos los ámbitos de la vida, en la más bella y prágmatica concepción del progreso, por lo que la ausencia de un suelo firme (léase, dogmas de cualquier clase) es motivo para reivindicar, no la ausencia de algo sólido sobre nuestros pies, sino la posibilidad de ensanchar el camino y multiplicar su existencia. El ser humano parece tener necesidad, de algún modo, de certezas y seguridades, por lo que la posmodernidad tiene una doble cara y nos muestra un nihilismo frívolo y vacuo (y tal vez estos apelativos suponga caer en el pleonasmo). El nihilismo, tal y como yo lo observo, es una tensión permanente contra todo pretensión absolutista, la ausencia de creencias supone trasladar al plano humano toda deliberación (y toda liberación), lo que supone al mismo tiempo tender a cualquier aspiración. Esto es, potenciar lo terrenal, tal y como deseaban tantos pensadores modernos.

Rechazar a todo "profeta de la certeza" (tal y como lo expresa Tomás Ibáñez) es crear un terreno en el que nos veamos obligados a razonar, de la manera más amplia posible, y cooperar con nuestros semejantes en busca de constantes acuerdos. Obviar a toda clase mediadora en este cometido es seguir confiando de algún modo en la lucha de clases (en el socialismo, si lo queremos llamar así, conceptos tan cuestionados por la posmodernidad). El único socialismo con futuro, según estas premisas, es el anarquismo. Los mismos que nos critican por seguir confiando en ese proyecto revolucionario y libertario, con todas las herramientas con las que podemos dotarnos y con la razón y la ética como únicas banderas (por lo que jamás podrá tener cabida el autoritarismo), son los que luego acaudillan una concepción falaz del progreso y acaban justificando cualquier dominación política (sustentada, en mayor o en menor medida, en certezas).

Una de esas herramientas que siempre combatirá el autoritarismo es el conocimiento; mi actitud vital supone aceptar la constante fluctuación de ese conocimiento y no tanto fascinarme por sus resultados. Es lo que yo llamo tantes veces "expansión del conocimiento" con intenciones emancipadoras, lo que no supone caer, como está sucediendo ahora en nuestra sociedad, en alguna suerte de relativismo. Es decir, la falta de asideros a grandes verdades no debería conducirnos a agarrarnos a otras, tal vez más sugerentes por presentarse de manera atractiva o novedosa. La aceptación de la diversidad y de la particularidad debe ser garante también de lucha contra el dogmatismo. Es humano, y bueno seguramente para nuestro espíritu y salud mental, aceptar lo bueno de tantas cosas que se nos presentan en la vida. Pero también indagar en todo ello, tratar de comprender los mecanismos de producción del conocimiento. Ser crítico obliga a ello, lo que quiere significar caer en el desprecio hacia todos los logros de la civilización.

Es decir, el eclecticismo y el multiculturalismo propios de la posmodernidad, y tan apreciables como punto de partida, se mantienen a salvo de nuevos absolutismos gracias a esa constante crítica e indagación. No me gusta el desprecio, tantas veces enmascarado con actitudes contrarias al sistema establecido, de ciertas vías del conocimiento en aras de elogiar y primar otras supuestas verdades (minoritarias o aparentemente proscritas). Desechar sin más los paradigmas establecidos, sin una consistencia crítica, nos conduce a los dos polos: a un nuevo dogmatismo o a un relativismo vacío y sin pretensiones. Permitir que los programas de investigación se desarrollen adecuadamente, antes de emplear una crítica corrosiva, es también dar mayor horizonte a la razón y al conocimiento. Una de las grandes características de la modernidad fue la predominancia de la producción del ser humano, y para ello hay que ampliar el campo de investigación y utilizar adecuadamente lo establecido.

Dentro de las señas de identidad del anarquismo, tal y como yo lo observo, están esas pretensiones de crítica constante, pero también de "crítica a la misma crítica", de llamada a una reflexión continua y de rechazo a toda pretensión trascendente. Ello supone confiar en nosotros mismos, los seres humanos con sus grandezas y sus vilezas, su potestad y sus limitaciones, y dejar todas las preguntas en un plano humano y contingente. Naturalmente, también dentro de las ideas libertarias que nos ocupan, esta traslación de todo problema al ámbito de deliberación humano obliga a un mayor compromiso con los valores y con los medios; con la adecuación de una ética, definitivamente humana, a los fines propuestos. La propuesta del anarquismo, y evitaremos ya los calificativos de moderno o posmoderno, debería ser la de una filosofía con una horizonte amplio, siempre inquieta por permanecer demasiado tiempo en algún lugar. No hay respuestas definitivas, por mucho que vayamos necesitándolas en nuestro día a día. Partimos de esa gran crítica a la modernidad que supone confiar de manera ciega en el conocimiento, en la producción, como un instrumento de emancipación.

Salvaguardados de cualquier tipo de dogmatismo, insistiremos en un mayor campo para la experimentación humana con la crítica permanente a las estructuras de dominación. Es algo que pensadores anarquistas como Tomás Ibáñez no observan como una obligación moral y sí como una búsqueda de dar sentido a la vida, a nivel individual y también colectivo, de encuentro con los otros. Si la razón o la ciencia forman parte de esas estructuras de dominación, especialmente en tiempos de una revolución tecnológica que abre nuevos abismos en la humanidad, la prioridad es debilitar todo poder desarrollado en ese sentido y posibilitar nuevas prácticas libertarias para el conocimiento (sin reproducción alguna de nuevas estructuras de dominación). La gran propuesta, asumiendo la crítica al conocimiento como elemento liberador, es desarrollar esas prácticas que debiliten a la ciencia (en la que una vez se confíó excesivamente) como instancia dominadora. Por el camino, mucho más frondoso que en el pasado reciente obligándonos a una tarea mucho más ardua, seguimos creando herramientas críticas contra toda autoridad coercitiva. No obstante, debemos ser críticos también con ello y asumir sus limitaciones.


domingo, mayo 6

II Encuentro anarquista contra el sistema tecno-industrial y su mundo

Durante los días 25, 26 y 27 de Mayo tendrá lugar el "II Encuentro anarquista contra el sistema tecno-industrial y su mundo". Un lugar donde encontrarnos, conocernos, debatir, difundir y afilar nuestras ideas contra la organización industrial del mundo. Durante la duración de las jornadas habrá un espacio para distribuidoras (aquellas que quieran montar la distri en el espacio les pedimos que confirmen su presencia con antelación) y comedores 100% vegetarianos.

Pretendemos que el encuentro sea una herramienta más para combatir el sistema tecno-científico-industrial, porque pensamos que el terreno del enfrentamiento se debe concentrar en el campo del progreso tecnológico, puesto que es y será lo que trace las presentes y futuras dinámicas de la dominación sobre todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida: sociales, políticos, económicos y ambientales. Ya que al contrario de lo que defienden muchos izquierdistas un sistema técnico nunca podrá ser neutro ya que es indisociable de un sistema económico, político, ambiental y social.

Hace ya más de dos siglos del proyecto tecno-totalitario. Un proyecto que está dando las últimas estocadas a lo que queda en el mundo de impredecible, sorprendente y digno, un ataque a todo lo que se opone a la organización técnica del mundo, una ataque a la autonomía, a la libertad y a la biodiversidad.
Por ello debemos rechazar la ideología del progreso aquella que rechaza todo aquello que no sea mensurable, que tiene una visión mecanicista de los seres vivos y la naturaleza, que alaba el determinismo científico y mercantiliza todo lo vivo.

Cada uno de los avances del sistema tecno-científico-industrial, que ha convertido el mundo en un inmenso laboratorio en el que todo y todos somos sus cobayas, le acerca cada vez más a la colonización de nuestros cuerpos, que son fragmentados en prótesis intercambiables, y de nuestras mentes convertidas en máquinas programables algorítmicas. El avance de las llamadas tecnologias convergentes NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, información y comunicación, ciencia cognitiva, robótica e inteligencia artificial), un proyecto del poder nacido de la tecnocasta americana que buscan el control de los elementos (siendo capaces de modificar sus características naturales) y de los procesos materiales de la vida en todas sus manifestaciones: animales (humanos y no humanos) y ambientales, está consiguiendo el control absoluto de lo vivo.

Destacar en este proceso la reproducción biotecnológica del ser humano, tras la que se esconde una la eugenesia, donde siguiendo la lógica de la organización industrial se convierte la procreación en una parte más de la misma. Hablemos de la producción industrial de bebes donde el laboratorio se convierte al mismo tiempo en una fábrica (donde el operario-biólogo-técnico convierte al bebe en un producto estandarizado, manipulado y personalizado en base a los patrones del orden existente) y en un supermercado donde los padres eligen a su deseado y programado articulo...perdón ¡bebe! son numerosas las técnicas para ello desde la PMA (Procreación asistida médicamente), la FIV (Fecundación en vitro) o mediante el diagnóstico previo del embrión. Este negocio mueve ya miles de millones por todo el mundo y España no se queda atrás.

Este junto con todos los continuos avances tecnológicos se cumple el gran sueño científico de destruir todo lo vivo, lo imperfecto, lo no mensurable, lo incontrolable, lo desordenado todo aquello que escape de su lógica mecanicista. La creación del humano-maquina, del mundo máquina, cada día está más cerca si es que ya no está aquí.

Todo desarrollo del sistema tecno-científico-industrial está acompañado de gran cantidad de nocividades, al destruir el medio ambiente y las condiciones de vida de forma brutal durante los dos últimos siglos, el sistema somete a todo lo vivo a una dosis de intoxicación continua en muy diversas formas desde los productos químicos (causantes de gran parte de las enfermedades modernas), las ondas electromagnéticas, la radiación nuclear hasta un largo etcétera que parece no tener fin en un mundo artificializado y programado y es el propio sistema el que impone los remedios tecnológicos para compensar su propio daño, todo ello bajo el estúpido aplauso de la izquierda progresista que piensa en que es posible acabar con esta devastación apoyando al Estado u otras medidas reformistas.

Creemos que hay dos formas de actuar ante la devastación: podemos suplicar a las autoridades que nos suministren tabletas de yodo para limitar los efectos nocivos de un accidente nuclear o luchar por el cierre de las centrales nucleares, podemos apoyar la investigación sobre implantes neuronales para reducir los efectos del Parkinson o luchar para destruir los pesticidas químicos que son la principal causa de esta enfermedad, podemos apoyar la reproducción artificial del ser humano o luchar contra las industrias químicas que esterilizan a la población.......La vieja dicotomía: reforma o revolución, creemos que no es una opción. No hay nada que reformar en el mundo máquina. Ni el cambio climático puede solucionarse con un Estado fuerte, ni la biotecnología acabará con el hambre del mundo. Los problemas creados por el progreso no se pueden solucionarse con nuevos avances tecnológicos estos sólo nos acercan un paso más al abismo. Únicamente la lucha por la autonomía que nos haga recuperar nuestras vidas y la libertad acabara con la devastación. Ningún Dios nos salvará, ni religioso, ni científico. No podemos dejar de observar, aunque sea brevemente, otra de las características de este sistema que es el control social, para que todo lo vivo sea manipulado, estandarizado y programado según los patrones del capitalismo es necesario el control absoluto. En este control absoluto juegan un gran papel los nuevos avances tecnológicos: las Smart cities, las redes sociales, la biometría, las pruebas de ADN, podríamos decir que gracias al Big Data y al Internet de las cosas, el movimiento o la actividad de cualquier ser vivo u objeto están totalmente controlados.

Por último añadir que no queremos contribuir al catastrofismo (el cualconsideramos una herramienta utilizada sobre todo por grupos de la izquierda (desde parlamentarios hasta algunos anarquistas) para perpetuar la alienación. Ante un vida cada más artificializada y superficial sólo nos queda la lucha, un camino largo hacia la libertad y la autonomía en el que no hay lugar a el dialogo o la negociación con quienes han declarado la guerra a lo vivo y a cada ser explotado y desposeído.


-Anarquistas Contra Toda Nocividad-

Las Charlas-debate que se darán durante las jornadas serán las siguientes:

1. “La reproducción biotecnológica del ser humano” por compañeras de Resistenza al nanomundo

2. “Las luchas contra el desarrollo tecnológico en Italia (Tav, Tap, EFSA…) por compañera del colectivo ecologista “Le ortiche”.

3. “Por qué no debemos salvar la investigación científica” a cargo de compañero de Cul de Sac

4. “La producción de ignorancia en el mundo nuclear: Ignorancia organizada y producida de manera sistemática por las instituciones estatales” a cargo de Therry Ribault

5. “La lucha anti tecnológica de los ludditas” a cargo de compañero del colectivo Moai

6. “Las Smart cities” a cargo de compañero de Negreiverd Además habrá dos talleres: uno de medicina natural y otro sobre ADN.

Concierto en Apoyo

El concierto es el sábado 7 de Abril a las 20.00 hrs. en el Cso La Gatonera (C/Valentin Llaguno 32, metro:Oporto). Habrá comida 100% vegetariana y pinchada después de los conciertos.

-Venganza – Punk Zaragoza

ttps://venganzapunk.bandcamp.com

-Régimen de Guerra – Hardcore Punk Leganés
https://noiseofhell.bandcamp.com/album/regimen-de-guerra-demo-noise-tape

-Falsa Bandera – Hardcore Melódico Madriz Sur
https://falsabandera.bandcamp.com/album/s-t

-Vandalika – StreetPunk Madriz https://www.vandalikabandcamp.com

jueves, mayo 3

La verdadera neurósis: la lucha por la libertad y la independencia


 Leyendo a Erich Fromm, en Miedo a la libertad, comprendemos una primordial aclaración sobre el término "autoridad" relacionado con el carácter autoritario; la autoridad no sería una cualidad poseída, en el mismo sentido que la propiedad de bienes o las características físicas, se refiere a una relación interpersonal en la que alguien se considera superior a otra persona.

De esa manera, se establece una distinción entre autoridad racional, que es ese tipo basado en la superioridad-inferioridad, y lo que se denomina autoridad inhibitoria. Tanto la relación entre un maestro y su discípulo, como la del amo con la del esclavo, se fundan en la superioridad de una parte sobre la otra. Sin embargo, en el primer caso los intereses van en la misma dirección, de tal manera que el éxito o el fracaso del educando pueden atribuirse a ambos, pero en el caso del amo y el esclavo los intereses son antagónicos (lo ventajoso para uno supone daño para el otro). La superioridad posee en cada ejemplo una función distinta, siendo necesaria en un caso para ayudar a la persona sometida, y siendo la condición de su explotación en el otro. Otra diferencia es que en un caso, el del maestro-discípulo, la autoridad tiende a disolverse, el alumno es cada vez más parecido a su maestro, y en el otro, el del amo-esclavo la superioridad es la base para una explotación que supone que la distancia entre las dos personas sea cada vez mayor.

La situación psicológica es diferente en los dos ejemplos de autoridad. En la relación entre maestro y pupilo, predominan los factores de amor y admiración, por lo que la autoridad será un ejemplo con el que desea indentificarse la persona sometida en la medida que fuere. En el segundo ejemplo, el del amo y el esclavo, solo puede haber sentimientos de hostilidad y odio hacia el dominador, ya que el dominado considera que la relación se establece en perjuicio de sus intereses. Fromm aclara que este sentimiento hostil es reprimido en numerosas ocasiones, ya que solo puede conducir a mayores sufrimientos, y en algunos casos, incluso, se transforma en todo lo contrario: ciega admiración. Esta situación tiene dos funciones: eliminar ese sentimiento de odio, fuente de nuevos peligros, y aliviar la humillación (si la persona explotadora se presenta como maravillosa, no hay que avergonzarse de obedecerla). Es este el caso de una autoridad inhibitoria, que tiene como consecuencia que el sentimiento de odio o de sobreestimación tienden a aumentar. En el modelo de autoridad racional, solo puede disminuir ese sentimiento, ya que la persona sujeta se hace paulatinamente más fuerte y tiende a asemejarse a la persona que ejerce la autoridad.

Naturalmente, hay muchos grados entre los dos tipos de autoridad, la diferencia entre una y otra es tantas veces de carácter relativo. A pesar de ello, y considerando que los dos tipos de autoridad se hallan la mayor parte de las veces mezclados, siempre subsiste una diferencia esencial entre ellos; por eso, el análisis de una relación de autoridad concreta debe revelar la importancia respectiva que le corresponde a cada uno de los dos. Fromm aclara que la autoridad no es, necesariamente, una persona o institución que ordena tal cosa (autoridad externa), puede aparecer bajo el nombre de conciencia o deber una autoridad de carácter interno. El desarrollo del pensamiento moderno se caracteriza por la substitución de autoridades externas por aquéllas que se han incorporado al yo (que forman parte de la conciencia individual). Este cambio ha podido parecer una victoria de la libertad, al considerarse indigno un sometimiento a una autoridad externa, y se convirtió en incuestionable el dominio que una parte del hombre (su razón, voluntad o conciencia) realiza sobre sus inclinaciones naturales. Sin embargo, Fromm asevera que esta situación en que manda la conciencia es comparable al autoritarismo que procede de fuentes externas, y que no responde a las verdaderas demandas del yo individual; muy al contrario, la conciencia se forma por demandas de carácter social que han tomado el lugar de la dignidad que deberían suponer las normas éticas.

En épocas más recientes, la situación ha dado un nuevo vuelco. Puede decirse que reina una autoridad "invisible" o "anónima", enmascarada como opinión pública, sentido común, ciencia, salud psíquica o normalidad, que se vale no ya de una presión evidente, sino de un blanda persuasión. Resulta posible afirmar que la autoridad anónima es más efectiva que una autoridad manifiesta, ya que se basa en la falta de sospecha de la persona sometida para cumplir sus órdenes. En la autoridad externa, muy a contrario, al resultar evidentes los mándatos y la persona que debe cumplirlos, es posible combatirla y, consecuentemente, desarrollarse la independencia personal y el valor moral. En el caso de una autoridad interiorizada, es posible todavía percibirla y resistirla, pero en la autoridad anónima la invisibilidad de quien formula la orden, e incluso de la propia orden, hace que la resistencia sea francamente complicada.

Volvemos ahora a la cuestión del carácter autoritario, considerándose lo más importante la actitud hacia el poder que adopta la persona con estos rasgos. Para ella, solo existen dos géneros: los poderosos y los que no lo son. La fascinación hacia el poder es tal, que con su simple presencia (ya sea una persona o una institución) surge enseguida el sometimiento. No hay admiración hacia una encarnación de valores, sino hacia el poder mismo; del mismo modo, en el carácter autoritario se da inmediatamente el desprecio, y muy pronto el deseo de someter, a las personas o instituciones que carecen de poder. Hay diferentes rasgos en el cáracter autoritario, si bien hay en algunos casos una falta de evidencia de resistencia y de actitud rebelde, uno de los modelos puede engañar a simple vista, ya que aparentemente desafía a la autoridad y a la jerarquía, y puede parecer que posee deseos de acabar con lo que obstruye su libertad e independencia; sin embargo, tarde o temprano se somete a un poder mayor capaz de satisfacer sus anhelos masoquistas. Este tipo realiza un intento de afirmarse y sobreponerse a sus sentimientos de impotencia, pero nunca desaparece su deseo de sumisión, no es en absoluto un "revolucionario". Tantas veces, hemos tenido experiencias con personas, incluso en los movimientos sociales, de lo que puede ser este carácter autoritario que da lugar a equívoco.

El carácter totalitario ve determinada su actitud vital por sus impulsos emocionales. Este tipo prefiere aquellas situaciones en las que ve limitada su libertad y somete su voluntad al destino; el significado que pueda ver en él dependerá de la situación social que le haya tocado en suerte y el puesto que ocupe en una jerarquía (aunque Fromm aclara que el sometimiento se da también en la cúspide social, si bien la magnitud y generalidad del poder a obedecer marca la diferencia). Las fuerzas que determinan la vida, tanto individual como social, son vistas como una fatalidad; el ejemplo más evidente es la existencia de gobiernos, el hecho de que unas personas tomen decisiones en nombre de la mayoría, algo que se observa como inevitable e incluso tiende a racionalizarse ("ley natural", "destino humano", "deber"...). El carácter autoritario es reaccionario, lo que ha sido una vez está destinado a repetirse siempre, y desear algo nuevo o tratar de construirlo resulta un crimen o una locura. La tradición religiosa, con su idea del pecado original, tiene mucha responsabilidad en esta situación de dependencia, aunque la experiencia autoritaria tenga un campo más amplio. En definitiva, la característica común al pensamiento autoritario reside en la convicción de que la vida está determinada por fuerzas exteriores al yo individual y a sus deseos e intereses. Por supuesto, el carácter autoritario no carece de actividad, valor o fe, pero estas cualidades son muy diferentes a las que presenta una persona independiente, autónoma y sin anhelo de sumisión. La actividad del carácter autoritario se arraiga en el sentimiento básico de impotencia, el cual trata de anular por medio de una actividad en que la somete su propio yo a un poder superior (que nunca es el futuro, lo que está por nacer).

La valentía del carácter autoritario no está en la posibilidad de cambiar su destino, sino en el sometimiento que realiza hacia lo que se le depara. La fe en la autoridad se mantiene mientras se observe su fortaleza y poder de mando, aunque lo que subyace es una absoluta falta de valores y una negación de la vida. No existe la igualdad en la filosofía autoritaria, no tiene un significado real e importante, y si se emplea ese término a veces es solo de manera convencional interesada. Para el tipo autoritario, en el mundo solo existen personas que tienen poder y otras que carecen de él (superiores e inferiores). Los impulsos sadomasoquistas, propios del carácter autoritario, referidos a formas extremas de debilidad, son rasgos igualmente extremos propios de un modelo muy concreto, pero pueden hallarse en menor grado en muchas personas. También se da una forma leve de dependencia, muy generalizada en la sociedad contemporánea, que sin poseer las características peligrosas e impetuosas del sadomasoquismo merece que se le preste atención. Es un tipo de persona que ve su vida ligada, de forma sutil, a algún poder externo; no existe nada que realicen, sientan o piensen que no se relacione con ese poder. De ese poder esperan cuidado y protección, y le hacen responsable de la consecuencia de sus propios actos. En muchas ocasiones, el individuo no se percata de la dependencia, se da como cierta nebulosa en la conciencia sin que exista una imagen definida relacionada con ese poder. No obstante, lo que podemos denominar como un "auxiliador mágico" se personifica muchas veces en una divinidad, en un principio o en una persona real (al que se le atribuyen ciertas propiedades, como la persona "amada"). En esta situación, se da también una renuncia al yo individual, a sus propias potencialidades, preparando el terreno para la dependencia del "auxiliador mágico"; de tal manera, que el centro de la vida de la persona sometida se desplaza hacia esta forma de poder externo y el problema será, no cómo vivir uno mismo, sino no perder al "auxiliador" y lograr que marque el rumbo de la propia vida haciéndole responsable de nuestras propias acciones.

En cualquier caso, el conflicto entre lo que puede llamarse individuo "neurótico" o "sano" (no olvidemos que son etiquetas determinadas por lo social) está marcado por la lucha por la libertad y la independencia. De tal manera que alguien que ha abandonado por completo su yo individual, que ha sometido su personalidad, se le considera tantas veces adaptado a una sociedad y se le contempla como una persona "sana". Como un grado intermedio, se puede dar esa persona que no deja de luchar contra la sumisión, aunque se haya visto vinculado a alguna suerte de "auxilidador mágico", por lo que aclara Fromm que la "neurosis" es en realidad un intento de resolver el conflicto entre la dependencia básica y su anhelo de libertad.


lunes, abril 30

1º de mayo de 2018: Contra todas las guerras

[Por la solidaridad entre los pueblos]

 Ni un hombre, ni un arma para el Estado. Así de contundente fue el compañero anarquista Rudolf Rocker en el congreso de los obreros de la industria del armamento en Erfurt en marzo de 1919, antes del inicio de lo que conoció como II Guerra Mundial. Una reivindicación que a día de hoy sigue siendo necesaria, dado el panorama bélico que existe hoy en el mundo.

Por un lado, en España, se sigue fomentando el culto al ejército y a cualquier tipo de fuerza armada. Se adoctrina a los niños en el nacionalismo, la sumisión al Estado y a la admiración al ejército o a cualquier tipo de fuerza armada en los colegios, en ferias infantiles, en actos religiosos etc. El Ministerio de Defensa, a través de los medios de comunicación y otros lugares de propaganda, gasta miles de euros en campañas de marketing para vendernos una cara amable de ejército, promocionar el día de la Hispanidad como la fiesta nacional de España (con la carga negativa que supone esa fecha para muchos pueblos y sociedades americanas), el reclutamiento en el ejército profesional como una salida laboral, o hacernos creer que se practica el humanitarismo, como si fuese una especie de ONG.

Por otro lado, el negocio de las armas entre empresas transnacionales, Estados y grupos armados mueve millones en todo el mundo. El principal foco de inversión e innovación tecnológica que financian los Estados no está precisamente en luchar contra el cáncer o el SIDA, sino en todo lo que tiene que ver con la guerra y la muerte. Estas empresas, a través de sus marionetas políticas, hacen contratos millonarios para vender armamentos de guerra a países que participan de forma directa o indirecta en conflictos armados. El ejemplo más cercano lo tenemos en la visita del príncipe de Arabia Saudí Mohamed bin Salam a España, para cerrar tratos millonarios en armamentos, bases militares y lo que no nos contarán por la prensa.

Las consecuencias de que la guerra sea un rentable negocio son fácilmente palpables. La guerra sacude diversas partes de los cinco continentes. En África, un continente literalmente devastado, detrás de los conflictos étnicos y religiosos se esconde el neocolonialismo de países europeos y empresas transnacionales que buscan la obtención de materias primas clave para el desarrollo tecnológico a bajo coste. Y lo consiguen manteniendo el flujo de armas desde el mercado negro y la escala de tensión, violencia, muerte, sufrimiento, en una espiral de miseria que nunca tiene fin. Apoyados por los gobernadores corruptos títeres del FMI y del Banco Mundial.

Asia se sacude principalmente en la zona de los países árabes, como Yemen, Palestina y Siria, sin olvidar otros tantos países que actualmente son estados fallidos «gracias» a la intervención imperialista de EE. UU., como Irak o Afganistán. Actualmente, Siria se encuentra inmersa en una guerra civil desde hace años y está en el punto de mira de los intereses geopolíticos de EE. UU.-UE-OTAN, Rusia, China e Irán. Una guerra civil que se recrudece cada vez más. El catorce de abril, EE. UU., Francia y el Reino Unido bombardearon de forma arbitraria Damasco y Homs a espaldas de los organismos internacionales con la excusa de las bombas químicas. Actuación que guarda mucha similitud con lo que produjo la guerra de Irak. Ni contaba con la aprobación de la ONU, ni el Reino Unido tenía permiso del parlamento británico. Otra vez queda patente que las normativas nacionales e internacionales no valen nada si no están supeditadas a los intereses económicos y políticos de EE. UU. Tampoco Turquía necesitó la aprobación de los organismos internacionales para entrar en el enclave kurdo-sirio de Afrin, dejando decenas de muertos y miles de desplazados. Las víctimas de esta guerra son, como siempre, la gente humilde y obrera, que ve destruidas sus viviendas, su familia y su forma de vida. Obligada a huir, malvive hacinada en campos de concentración, muere ahogada en el mar Mediterráneo, y los que llegan a Europa son rechazados por una Unión Europea racista que solo busca el beneficio económico de esta guerra de la que forma parte.

Ni un hombre, ni un arma para el Estado. Contra la guerra, la movilización hacia la huelga general indefinida.

Una de las ideas por la que Rocker lanza esta proclama no es otra que denunciar cómo a través de la producción armamentística realizada con el sudor de los trabajadores se reprime y se acaba con los movimientos obreros revolucionarios, y para que los obreros de la industria armamentística rechazasen la producción de material de guerra, y los talleres en los que se producía este material se convirtiesen en talleres para el trabajo de la paz.
A día de hoy la producción de la industria armamentística sigue produciendo material bélico que acabará en manos de las fuerzas represivas de los Estados o de grupos paramilitares, asesinando a muy diversas poblaciones del globo. Además, se ha visto como el ejército y la policía tienen un papel fundamental para, a través del uso de la fuerza, garantizar el funcionamiento de los servicios, reventando huelgas y acabando con cualquier tipo de movilización obrera que no interese al Estado.

Contra las guerras, para los anarquistas sigue habiendo unos puntos clave como son: el boicot y la deserción de los cuerpos de seguridad del Estado (policía, guardia civil, ejército, etc.); el boicot a la industria armamentística, tanto en la producción como en la distribución; romper con el racismo institucional y con el pensamiento racista que nos inculcan en la escuela y medios de comunicación, ya que solo sirve para dividir a los trabajadores de cualquier país, allanar procesos económicos como la gentrificación y justificar la represión contra las personas migrantes, así como la pobreza y la guerra en sus países de origen; romper con los partidos de la izquierda parlamentarista y los sindicatos oficiales (CCOO y UGT), los cuales hacen usos partidistas y electorales del discurso del «no a la guerra», mientras apoyan, son cómplices y silencian los genocidios imperialistas como el ocurrido en Libia, o los conflictos actuales.

Ante la miserable situación en la que nos encontramos los trabajadores, no solo en España, sino en todo el mundo por los intereses económicos capitalistas de las élites políticas y económicas, sigue siendo necesaria la unión, construir redes de solidaridad y apoyo mutuo, al margen de las instituciones del Estado, y trabajar por la huelga general indefinida, una de las herramientas más poderosas que tenemos los trabajadores para parar esta dramática situación.

“Pero la misión de aquellos que, como nosotros, buscan la abolición de todas las opresiones y de la explotación del hombre por el hombre, consiste en despertar la conciencia del antagonismo entre dominantes y dominados, entre explotadores y explotados, así como en fomentar la lucha de clases en todos los países y la solidaridad entre todos los trabajadores allende cualquier frontera, contra todos los prejuicios y todas las pasiones raciales y nacionales.”
 
Errico Malatesta

Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases
Por la anarquía


viernes, abril 27

Rural tourists go home!

“Por eso la mirada del campesino no tiene nada que ver con la del turista. Mientras uno consume paisaje, el otro usa el territorio. Ambos alteran el entorno, pero solamente el campesino cambia con las transformaciones del lugar. El turista, por mucho que cambie el paisaje, seguirá siendo exactamente él mismo. Dos miradas que ilustran el cambio producido en las últimas décadas. El mundo del campesino ha desaparecido. Ha dejado paso al mundo del que proceden los turistas. Hemos cambiado un mundo sin paisajes por unos paisajes sin mundo”.

Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino. Marc Badal

 Nos hace gracia lo que ahora definimos como rural. Mientras hemos asistido a un etnocidio rural, con la desaparición de una clase social, ahora parece que aquello que ya se acabó, nunca ha dejado de existir. Por doquier se producen eventos, conferencias y reuniones, desde diferentes ámbitos pero siempre con respaldo institucional, que nos venden una imagen de lo rural totalmente distorsionada con la realidad. Ahora cuando ya no existe, es cuando hay que promocionarlo. No es la realidad lo que nos quieren vender, si no un producto para comerciar en el mercado, ya que eso es en lo que ha acabado lo rural, en algo con lo que se puede mercadear. Como decimos hemos sido testigos de que cuando nos han hablado de lo rural lo único que hemos oído son formas de cómo atraer turismo a las zonas rurales o de cómo vender productos. El discurso en el que se escudan es que solo a través de la entrada en el mercado se pueden mantener vivos productos y supuestas formas de vida que nada tienen ya que ver con lo rural.

Un turismo rural ¿para recuperar qué? Para no recuperar nada. Algunos dirán que para que las zonas despobladas dejen de estarlo, pero el tan de moda discurso contra la despoblación es un discurso muy peligroso ya que tras él se esconde la mercantilización de las zonas naturales y de los pueblos despoblados o en vías de despoblación. Los que vivimos en zonas fuera de las ciudades (ya que dudamos que podamos seguir llamándolas rurales) y somos conscientes de las dinámicas mercantilizadoras de las ciudades, estamos sintiendo una especie de gentrificación de nuestras zonas. Lo mismo que en los barrios de las ciudades pero en los pueblos. Pueblos para los visitantes y no para sus habitantes. Ahora empiezan a venir lo que podríamos llamar los pioneros, aquellos que llegan primero y ven las posibilidades que guardan nuestros pueblos, luego asistiremos a la llegada masiva de todos los demás. Para muchos y muchas lo aquí expuesto sonará exagerado pero estamos al principio del proceso. Tiempo al tiempo.

Hasta hace nada todo aquello relacionado con lo rural (cuando aún lo era) era síntoma de atraso. Tenían que despoblar las zonas rurales, acabar con el apego a la tierra, acabar con esas formas de vida ajenas al mercado y todas las formas de solidaridad existentes. Cuando han conseguido acabar con todo esto, para poder llevar la transformación urbana y llevar mano de obra suficiente a la industria, con lo que se han encontrado es con zonas vacías. Algunas preocupantemente vacías como la Celtiberia ibérica con la segunda tasa de despoblación más alta de Europa occidental. Y es ahora, cuando tienen un territorio grandísimo prácticamente vacío cuando empieza su mercantilización.

Los mismos que crearon el problema lo intentan solucionar extrayéndole, como siempre, el máximo rendimiento económico (si es que así se puede solucionar algo). Desde la izquierda también se ve con muy buenos ojos este discurso de la repoblación. Desde esa izquierda que se viste de radical o de moderada según conviene a su número de votos. Esa izquierda que se queja de la gentrificación y de la mercantilización en las ciudades mientras apoya los discursos despoblacionales como si no hubiera una relación de lo uno con lo otro.

Lo que existe es una idealización y mistificación de lo rural y lo natural, de todo aquello que ayer despreciábamos. Una idealización fomentada e interesada por la industria turística. Muchas veces cuando hablamos sobre todos estos temas caemos en unos misticismos más que preocupantes. Cuanto más nos alejamos del objeto en cuestión más lo mitificamos. Suele ser algo común en nosotros y nosotras mismas, cuando  no conocemos algo de manera directa la imagen que podemos llegar a hacernos siempre es diferente a cuando lo conocemos directamente. En la sociedad actual sus apologetas podrán argumentar que ello ya no pasa debido a toda la información a la que podemos acceder con el solo “click” de un ratón pero creemos que esto se ha agudizado todavía más. La sociedad hipertecnologizada e hiperindividualista en la que vivimos no nos llena lo suficiente y ello hace que idealicemos aquello que no conocemos, también gracias a la ayuda de la publicidad de la industria turística. Incluso aquellos y aquellas que parece que están viviendo en su sociedad ideal ocultan una insatisfacción enorme que intentan paliar con sucedáneos de experiencias reales y que mayor experiencia que reconectar con la naturaleza y con nuestro pasado.

Mitificamos lo rural y lo natural porque vemos en él un Edén ya perdido en el que podemos sentirnos protagonistas de nuestras propias vidas. Queremos tener, aunque sea un sucedáneo, algo que nos aporte algún tipo de experiencia natural, algo que nos parezca real, autentico, poder hacer algo con nuestras propias manos y poder realizarnos como seres humanos: poder cultivar un huerto, un pedacito de tierra que sea trasformada por nosotros y nosotras y que podamos ver su resultado; fabricar nuestras propias herramientas; recolectar nuestros propios alimentos; cazar; pescar; bañarnos en ríos salvajes; cocinar nuestros propios alimentos; aprender a hacer cestería; arreglar nuestra propia casa… Poder hacer, o al menos practicar su sucedáneo, de todo aquello que la sociedad de hoy nos impide hacer y que han sido las actividades que han regido, a través de los tiempos, nuestra sociedad, nuestra Historia y nuestro progreso posible. Cuando lo hacemos vivimos una experiencia increíble y vemos todas las posibilidades que guardamos en nosotros y nosotras mismas y que no sabíamos.

Eso es lo que nos vende el turismo rural, experiencias, más bien pseudoexperiencias, ya que lo que ahora hacemos no forma parte de nuestra vida del día a día sino parte de nuestro tiempo de reposo para volver al trabajo.

Asistimos a una pérdida que es irreparable. Las casas rurales se multiplican por doquier; se vende una imagen totalmente distorsionada de lo que en realidad somos; se mercantiliza el acceso a espacios naturales; el lobby de la caza compite con el del turismo a ver cuál de los dos puede llegar a ser más rentable y más destructivo; se construye; lo que antes se vendía a metros ahora se vende en hectáreas; suben los alquileres; vivir en el campo se está haciendo cada vez más imposible… Muchos argumentan que con el turismo rural estamos revirtiendo la perdida de lo rural pero no seamos ingenuos. No son las actividades rurales, como la ganadería y la agricultura, las que rigen la vida de nuestros pueblos hoy en día, y aunque las rigieran lo que hoy podemos denominar a través de esos nombres distan mucho de ser lo que en su día fueron. El turismo rural es la imagen de lo rural que ya no existe. Es su conversión en mercancía y ello es algo mucho peor porque si ya no existiera quizá podríamos ser conscientes de su perdida, pero con su conversión en mercancía en nuestro imaginario y en el del turista queda como que algo de todo aquello todavía existe.

En nuestra comarca, o en cualquier otra comarca de ese mundo no ya rural, lo vemos por todos los pueblos. Mientras hemos ido perdiendo población hemos ido ganando turismo rural. Perdemos lo rural y ganamos en turismo. Somos como el pueblo indígena que es expulsado de sus tierras, con la perdida de las formas de vida que ello conlleva, para acabar trabajando en un complejo turístico que imita aquello con lo que arrasó, mientras el turista cree que esta en algo superautentico. El turismo rural es el mismo turismo que el de la multinacional, es el mismo turismo que el del gran Capital, es el mismo turismo que el de la costa pero en el interior. Turismo familiar decían esta semana por el telediario refriéndose al “rural”. Intentan darle otra cara, otra imagen ya que el turismo convencional está dando una imagen de descontrol, contaminante, despilfarrador, de piso turístico legal o ilegal, de borrachera. Ahora hay que vender el turismo cultural, responsable, ecológico, sostenible, familiar… y ahí es donde tenemos nuestro turismo rural. La realidad es que el turismo es el turismo, es siempre el mismo. El turismo rural es el que hace que el turismo de costa se extienda hacia el exterior, el que produce aún más efecto llamada, el que hace que aeropuertos sin aviones empiecen a tenerlos, es el mismo turismo que el de la autovía, el de la autopista, el de la central eléctrica y la nuclear, el del complejo turístico…etc El mismo que el de siempre.

Pero se preocupen todos aquellos y aquellas que sufren por la despoblación del mundo rural y abogan por su mercantilización turística. Además de todo lo expuesto, las ciudades son cada día más insostenibles, más calurosas y con menos recursos. Aquellos y aquellas que tengan su cuenta bancaria lo suficientemente llena podrán disfrutar de aquellos territorios que no estén masificados y en los que sea aun posible la vida. Ya lo decía Charbonneau “si la evolución sigue por el mismo camino, la vieja casa del pobre acabará valiendo más que la mansión del rico”.


Cecilio Rodríguez

martes, abril 24

[Vídeo] Charla: "Alejamiento penitenciario en el estado español"

Pese a la versión oficial que defiende la prisión como un “espacio de reinserción social” y la visión socialmente extendida de “lugar inútil que no castiga todo lo que debiera”, las cárceles en el Estado español son una eficaz pieza del aparato represivo que cumple con su función social como refuerzo del actual modelo socioeconómico y espacio de castigo de las distintas disidencias (políticas, económicas, culturales…). Desde esta perspectiva, la cárcel es ante todo un lugar dañino que agrede la dignidad de las personas presas de muy diversas maneras: la muerte, la tortura, el aislamiento, la enfermedad y el alejamiento de familiares, allegados y comunidades son las formas más graves de daño que pueden producir. Centrándonos en el alejamiento y la dispersión, entender el dolor que causa en las personas presas como en sus familiares y personas allegadas es algo importante para comprender mejor los mecanismos de daño y maltrato que implica el actual modelo penitenciario. Porque el alejamiento es una realidad mayor de lo que nos pensamos y supone mucho más daño del que podría parecer en un principio. Desde una perspectiva abolicionista, SalHaketa Bizkaia lleva años denunciando esta realidad y luchando, desde la solidaridad activa, por reivindicar la dignidad de las personas presas. Entendemos que la denuncia de esta realidad es una obligación ética que nos concierne a todas y es por ello por lo que la realizamos desde un pensamiento crítico y solidario, denunciando también todo el sistema penal-punitivo que refuerza las numerosas injusticias existentes en nuestra sociedad. Compartir nuestra experiencia de lucha y nuestro conocimiento sobre la realidad penitenciaria desde la horizontalidad, buscando el apoyo mutuo hacia todas las personas privadas de libertad dentro y fuera de las prisiones es el objetivo con el que os invitamos a participar de esta charla en la que hacer una valoración global desde la que comenzar a adentrarnos en una realidad muchas veces desconocida, como lo es el alejamiento de las personas presas. Dentro de las Jornadas Anticarcelarias 2018, organizadas por la Red de Apoyo a lxs detenidxs en las Operaciones Pandora y Piñata en colaboración con el CSA La Libre y el colectivo Cambalache de Oviedo.